Mi forma de acompañar nace de una integración natural de lo que he estudiado y, sobre todo, de lo que he vivido: la filosofía del yoga, el coaching, el chamanismo y un profundo trabajo personal que continúa  a día de hoy. Creo firmemente que nuestra evolución es infinita, y que nuestro crecimiento —humano y espiritual— también lo es.

Desde pequeña sentía una gran sensibilidad hacia las emociones de los demás. Mi intuición siempre ha sido mi brújula, incluso antes de reconocerlo. A pesar de mi afinidad con el mundo emocional, estudié Derecho y luego un máster en Relaciones Internacionales, lo que me abrió las puertas a viajar y vivir en distintos países de Europa y Latinoamérica durante diez años.

Guiada por una fuerte vocación de contribuir a un mundo mejor, dediqué mi vida profesional a la cooperación y al desarrollo. Sin embargo, esa entrega me llevó a un profundo desgaste. Me perdía en los problemas ajenos, confundía mis límites con los de los demás y buscaba sentirme útil, aceptada e imprescindible. Con el tiempo comprendí que, detrás de ese impulso de “ayudar”, había miedo, inseguridad y una necesidad de control. Ese descubrimiento marcó el inicio de una gran crisis personal: mi identidad, mis creencias y mis certezas comenzaron a desmoronarse.

Esa crisis fue también el comienzo de mi camino de regreso a mí. La psicoterapia me abrió la puerta; el Yoga y la meditación me devolvieron al cuerpo, al silencio y a la escucha interna. Más tarde viajé a India, me formé como profesora de Yoga y obtuve una certificación en coaching. Pero aún sentía que había un lugar más profundo a lo que quería llegar y desde donde poder acompañar a los demás.

Ese “algo” llegó cuando conocí a la chamana Uné Romero, al chamanismo y a la Terapia Vibracional Cuántica Scha.ki, que ella misma canalizó. Un chamanismo sin artificios ni rituales externos, un camino directo hacia mi verdad interior. Allí aprendí a mirar mis miedos, mi ego y mis sombras con honestidad, y a reconocer mi propia energía y naturaleza. Comprendí que para acompañar a otros tenía que aprender primero a quererme y a aceptarme a mí misma.

Dejé de poner el foco fuera para volverlo hacia dentro. Dejé de querer ayudar para empezar a acompañar. Ese cambio marcó mi vida.

Hoy vivo en Barcelona con mi familia combinando mi trabajo como terapeuta con la consultoría internacional para el desarrollo . He aprendido a construir una relación de pareja consciente, a disfrutar de mis hijos y a vivir más presente y con mayor paz. He ganado una seguridad interna que me ha permitido encontrar mucho mayor equilibrio en todas las facetas de mi vida. Y sigo en camino porque el trabajo interior nunca acaba. Porque nuestra evolución es eterna, y la expansión de nuestro ser también.